Urs Graf, director de la sucursal de B.PRO en Suiza

«B.PRO es mi bebé»

Urs Graf lleva 20 años dejando su huella en la sede suiza de B.PRO con su experiencia y su gran dedicación. En esta entrevista, este profesional de 61 años habla de su inusual trayectoria al pasar de cocinero a comercial, de las particularidades del mercado suizo y de su estrecha relación con una empresa que para él sigue siendo mucho más que un simple empleador.

Señor Graf, el pasado mes de octubre celebró usted un importante aniversario: 20 años en B.PRO.

En realidad ya había trabajado durante siete años para un socio comercial de B.PRO —que entonces todavía era Blanco Professional—, así que ya hubo algún que otro punto de contacto. La primera vez que visité la planta principal de Oberderdingen fue hace 31 años. Muy pocos han aguantado tanto [risas].

Su trayectoria en la empresa fue inusual.

Sí, desde luego. Inicialmente me formé como panadero y pastelero, y más tarde como cocinero. Después, pasé algún tiempo trabajando en el sector de la gastronomía, y pasé unos 16 meses en Estados Unidos. Pero en la cocina, a menudo se trabaja más para uno mismo. Al mismo tiempo, los horarios de trabajo son peculiares, por supuesto, y como único cocinero se asume una gran responsabilidad, tanto en lo que se refiere a los elogios como a las críticas. Y en algún momento me di cuenta de que también tenía otras cosas en mente.

¿Y cómo se produjo el cambio?

Después de mi estancia en Estados Unidos, encontré por casualidad un anuncio del sector de la gastronomía y pensé: ¿Gastronomía? Ese sector lo conozco bien. Presenté mi solicitud sin conocer el puesto, me lo dieron y solo entonces me di cuenta de que iba a ser un período de formación totalmente nuevo. Tenía los conocimientos, pero al principio no tenía ni idea de vender. ¡Y fue duro!

Usted creó el departamento de Ventas de B.PRO en Suiza. ¿Cuántas personas trabajan allí con usted actualmente?

En total somos cuatro. En el equipo estamos, aparte de mí, Alexandra Brunner —pieza clave del departamento interno—, que este año celebra su vigésimo aniversario; en el servicio externo de Suiza occidental y el Tesino, el Sr. Giovanni Cosentino, y Andreas Schweinfest, en el servicio externo de la Suiza alemana. Esto significa que estamos cerca del mercado de la Suiza alemana, francesa e italiana.


Nuestra oficina se encuentra en Steinhausen, municipio del cantón de Zug. Aunque el lago de Zug no está justo delante de la ventana, sí que nos pilla a una distancia que se puede recorrer a pie durante la pausa para comer. Todas las filiales suizas de B&F Holding están ubicadas bajo un mismo techo, lo que supone un total de alrededor de 35 personas.

¿Qué le atrae personalmente de su trabajo?

Para mí sigue siendo emocionante y agotador a la vez. Lo agotador: siempre surgen problemas que hay que sortear y soluciones que no están a la vista. Pero eso es precisamente lo que mantiene la chispa.


Lo emocionante: siempre surgen temas nuevos, gente joven y nuevas perspectivas. Y cuando de un contacto inicial surge un pedido porque realmente has entendido al cliente, es muy satisfactorio.

Urs Graf, director de la sucursal de B.PRO en Suiza

¿Cuáles son las características distintivas del mercado de la alimentación colectiva en Suiza? ¿Dónde ve las mayores diferencias con respecto a Alemania?

En ambos lados percibo una mentalidad de servicio muy marcada. Las expectativas son altas, a veces incluso más que en otros lugares. Por eso suele decirse: si un producto tiene éxito en Suiza, tendrá éxito en cualquier parte.

Suiza tiene fama de ser un país con los precios altos. ¿Influye eso en las expectativas de los clientes?

Sí, totalmente, y es comprensible. Si me gasto mucho dinero en un producto y luego tengo un problema, quiero que me lo resuelvan.

¿Qué significa esto concretamente en el día a día?

En Alemania, el centro de atención al cliente sería, probablemente, el primer punto de contacto. Aquí es importante que la persona responsable se haga cargo ella misma si algo va mal. De ahí he desarrollado mi lema: los elogios son para mis empleados, los problemas son para el jefe. Creo que esta es otra de las razones por las que se nos percibe como extremadamente fiables.

Suiza es pequeña, pero muy diversa. ¿Es posible hablar del típico cliente suizo?

Más bien no. Pero lo que sí se puede decir es que muchos clientes en Suiza quieren saberlo todo con mucha precisión. Tenemos que explicar mucho y entrar en detalles sobre los productos. Es un reto, pero al final suele resultar en una solución buena y sostenible.

¿Qué papel desempeña la automatización en el proceso de distribución de alimentos en Suiza?

La automatización es un tema importante para nosotros, también en el sector de la alimentación colectiva. Hay interés, pero creo que aún tardará un tiempo en implementarse plenamente. El mercado suizo es pequeño, hay menos proyectos y cantidades menores; en muchos aspectos, todo es más manejable que en Alemania. Es cierto que también tenemos escasez de personal, pero en muchos casos la presión a la que estamos sometidos seguramente aún tiene que aumentar.

¿Por qué no se ha avanzado más en este tema?

Porque a muchos, lo primero que se les viene a la cabeza es: me va a quitar el trabajo. Pero eso no es cierto. No se trata de sustituir a nadie, sino de reservar herramientas que puedan encargarse, precisamente, del trabajo repetitivo y liberar, así, al personal para las tareas importantes. Pero probablemente pasará mucho tiempo antes de que esto se vea así en todas partes.

¿Qué ámbitos de productos o conceptos de B.PRO le interesan más en este momento?

En este momento, sin duda alguna, es la distribución de alimentos, sobre todo en lo que respecta a la BASIC LINE. Muchas cosas están relacionadas con la implantación de guarderías de jornada completa y el catering escolar. En muchos lugares de la Suiza francesa ya se ha avanzado bastante en diversos aspectos, mientras que en la Suiza alemana aún estamos en pleno proceso. Precisamente por eso, la BASIC LINE es un tema muy importante para nosotros en este momento.

A sus 61 años, la edad de jubilación se va acercando. ¿Cómo ve esta etapa?

Para mí es una cuestión de salud. Mientras me encuentre bien, seguiré trabajando. Una retirada gradual no es lo mío. Soy más bien de los que dicen: «En realidad no quiero inmiscuirme, pero al final acabo haciéndolo». No puedo evitarlo. Mucha gente me dice que no debería alterarme tanto por mi edad. Pero a mí me gusta responder: «¡Hay que hacer, no discutir!».

¿Por qué?

Porque el tema me importa. B.PRO es mi bebé, he puesto mi corazón y mi alma en ello. Mientras pueda seguir marcando la diferencia y transmitiendo conocimientos, para mí aún no es el final.

¿Qué le hace especial ilusión de ese momento?

Tener más tiempo para la familia, para viajar, para dedicarme al jardín. Algunas aficiones, como la moto o el golf, han pasado a un segundo plano con los años. Estaría bien que pudiera volver a hacerles un hueco en mi vida.

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